
He aquí la belleza de Khalil Gibran... una gran interiorización. El amor debería sentirse feliz al ver que su mujer es feliz con alguien, ya que el amor quiere que la mujer sea feliz.
El amor quiere que el marido esté alegre. Si sólo está hablando con una mujer, y se siente alegre, la mujer debería sentirse feliz, no hay por qué pelearse. Están juntos para hacerse la vida más feliz; sin embargo, sigue ocurriendo todo lo contrario.
Parece que los maridos y las esposas están juntos para arruinar la vida del otro, para hacerla miserable. La razón de esto es que no conocen siquiera el significado del amor.
Sin embargo, dejad que en vuestra unión haya espacios...
Sin embargo, dejad que en vuestra unión haya espacios...
No es contradictorio. Cuanto más espacio le dejáis al otro, más juntos estáis. Cuanto más libertad le das al otro, más íntimos os hacéis. No enemigos íntimos sino íntimos amigos.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Es una ley fundamental de la existencia que estar mucho tiempo juntos, sin dejar espacio para la libertad, destruye la flor del amor. La has aplastado, no le has dejado espacio para que crezca.
Hace poco que los científicos han descubierto que los animales tienen un imperativo territorial. Puede que hayas visto a los perros hacer pis en esta columna, hacer pis en aquella columna;
Hace poco que los científicos han descubierto que los animales tienen un imperativo territorial. Puede que hayas visto a los perros hacer pis en esta columna, hacer pis en aquella columna;
¿Te crees que lo hacen porque sí?
No.
Están marcando las fronteras:
«Éste es mi territorio».
El olor de su orina prevendrá a otros perros de cruzar ese territorio. Si otro perro se acerca a la frontera, el perro al que pertenece el territorio no hará caso. Pero un paso más y se pelearán.
Todos los animales en estado salvaje hacen lo mismo.
Todos los animales en estado salvaje hacen lo mismo.
Incluso un león, si no cruzas su territorio, no te atacará; eres un caballero. Pero si cruzas la frontera, entonces seas quién seas, te matará.
Nosotros todavía tenemos que descubrir el imperativo territorial de los seres humanos. Lo tienes que haber sentido, pero todavía no ha sido establecido científicamente.
Nosotros todavía tenemos que descubrir el imperativo territorial de los seres humanos. Lo tienes que haber sentido, pero todavía no ha sido establecido científicamente.
Vas en un tren local en una ciudad como Bombay, el tren está repleto..., la gente está toda de pie, muy pocos tienen asiento. Pero observa a la gente que va de pie; a pesar de que están muy cerca, tratan por todos los medios de no rozarse.
A medida que va aumentando la población en el mundo, hay más gente que se vuelve loca, que se suicida, que comete asesinatos por la sencilla razón de que no tienen espacio para sí mismos. Al menos los enamorados deberían ser sensibles, la mujer necesita su propio espacio como tú necesitas tu propio espacio.
Uno de mis libros preferidos es Akhari Kavita, El último poema, de Rabindranath Tagore. No es un libro de poesía, sino una novela, pero una novela muy extraña muy penetrante.
Dos jóvenes se enamoran y, como suele ocurrir, enseguida quieren casarse.
A medida que va aumentando la población en el mundo, hay más gente que se vuelve loca, que se suicida, que comete asesinatos por la sencilla razón de que no tienen espacio para sí mismos. Al menos los enamorados deberían ser sensibles, la mujer necesita su propio espacio como tú necesitas tu propio espacio.
Uno de mis libros preferidos es Akhari Kavita, El último poema, de Rabindranath Tagore. No es un libro de poesía, sino una novela, pero una novela muy extraña muy penetrante.
Dos jóvenes se enamoran y, como suele ocurrir, enseguida quieren casarse.
La mujer dice:
—Sólo con una condición... —
Ella es una mujer muy culta, muy sofisticada, muy rica.
El hombre dice:
El hombre dice:
—Aceptaré cualquier condición; no puedo vivir sin ti.
Ella contesta:
—Primero escucha la condición y luego piénsalo. No es una condición normal. La condición es que no vivamos en la misma casa. Yo tengo un terreno muy grande, un bello lago rodeado de árboles, jardines y césped. Te construiré una casa en un lado, justo en frente de mi casa.
El hombre dijo:
—Entonces, ¿para qué nos casamos?
Ella le contestó:
—El matrimonio no es destruirse uno al otro. Yo te doy tu espacio; yo tengo mi propio espacio. De vez en cuando, nos encontraremos caminando por el jardín. De vez en cuando, yendo en barca por el lago, de casualidad, nos encontraremos. O, a veces, puede que te invite a tomar té, o me invitarás tú.
El hombre dijo:
—Esa idea es absurda.
La mujer le contestó:
—Entonces olvídate de boda. Es la única idea correcta; sólo así nuestro amor puede seguir creciendo, porque permaneceremos siempre frescos y nuevos. Nunca daremos al otro por sentado. Tengo todo el derecho a rechazar tu invitación, igual que tú tienes todo el derecho a rechazar mi invitación; nada va a perturbar nuestras libertades. Entre esas dos libertades crece el bello fenómeno del amor.
Naturalmente, el hombre no lo pudo entender y rechazó la idea. Sin embargo, Rabindranath Tagore tiene el mismo enfoque que Khalil Gibran..., y escribieron casi en la misma época.
Si esto es posible, tener a la vez espacio y unión, los vientos del cielo danzan entre vosotros.
Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura. Debería ser un regalo, dado o recibido, pero no se debería exigir. De lo contrario, muy pronto estaréis juntos, pero tan separados el uno del otro como las estrellas lejanas.
No habrá lazos de comprensión que os unan; no habréis dejado espacio siquiera para el lazo que os pudiera unir.
Dejad que sea como un mar que se mece entre las orillas de vuestras almas.
No lo convirtáis en algo estático. No lo convirtáis en una rutina. Dejad que sea como un mar que se mece entre las orillas de vuestras almas.
Si podéis conseguir libertad y amor, ya no necesitáis nada más. Ya lo habéis conseguido; para eso se os dio la vida.
Dejad que sea como un mar que se mece entre las orillas de vuestras almas.
No lo convirtáis en algo estático. No lo convirtáis en una rutina. Dejad que sea como un mar que se mece entre las orillas de vuestras almas.
Si podéis conseguir libertad y amor, ya no necesitáis nada más. Ya lo habéis conseguido; para eso se os dio la vida.
OSHO








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