
A la parte falsa le ha concedido todo su respeto, porque lo falso lo crea la sociedad.
A lo auténtico se le niega cualquier respetabilidad, porque lo auténtico proviene de la naturaleza, que está más allá del control de cualquier sociedad, cultura o civilización.
Todos los niños tienen que ser entrenados para decir mentiras, tienen que ser programados de tal modo que estén al servicio de la sociedad, que sean unos esclavos dóciles.

Las sociedades rompen la columna vertebral de todos los niños, para que no tengan columna. No pueden alzar su voz, no pueden cuestionar nada. Su vida no es solo su vida.
Aman, pero su amor es falso.
Desde el principio le dijeron al niño que amara a su madre «porque es tu madre»; como si ser madre fuera una cualidad intrínseca o algo por lo que tú debieras amarla.
Pero se ha aceptado que una madre debe ser amada.
Yo hago hincapié en que es la madre la que debe amar, y que no se le debe decir nunca a un niño que ame a nadie si no sale de sí mismo.
Sí, la madre, el padre y la familia pueden crear determinado ambiente sin decir nada; toda esa energía puede generar, puede poner en funcionamiento tus propias fuerzas de amor.
Pero nunca le digas a nadie que el amor es un deber.
No lo es.
El deber es un falso sustituto del amor.
Cuando no puedes amar, la sociedad se dedica a imponerte deberes. Puede parecer amor, pero en su interior falta totalmente el amor; por el contrario, no es más que un formalismo social. Te acostumbras tanto a los formalismos sociales que olvidas que hay cosas esperando para ocurrir en tu vida; pero tú estás tan ocupado que no les das espacio, no permites que el amor florezca en ti.
De ahí que tú no sepas que centrarse y amar son una misma cosa.
Centrarse atrae más al intelectual. No hay que creer nada; no hay nadie a quien debas rendirte.
Toda relación amorosa se convierte en una tragedia por culpa del otro.
Yo te aconsejo que, en primer lugar, abandones todas las ideas falsas acerca del amor. Permite que crezca en ti algo auténtico, y poco a poco te centrarás, te iluminarás.
No obstante, si te resulta muy difícil comenzar con el amor, no desesperes. Puedes llegar directamente centrándote. Puedes llamarlo meditación, puedes llamarlo conciencia, pero en cualquiera de los dos casos, el resultado final es el mismo:
Estás centrada y rebosas amor.
OSHO
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